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Historia y leyendas de los barcos

A principios del siglo XIX, Saint-Nazaire no es más que una estación modesta de 600 habitantes. En unas décadas, con la impulsión conjugada del Estado, de los ingenieros, del mundo industrial y financiero, y notablemente de la Compañia General Transatlántica, Saint-Nazaire va a volverse uno de los más grandes puertos del Atlántico y un centro de construcción naval muy importante.

 

El año 1835, principio de un largo período de expansíon calificado de " californiana ", está marcado por la inauguración del malecón en donde podrán arrumarse los barcos. En 1840, Saint-Nazaire vuelve a ser el punto de partida de un servicio postal transatlántico y en 1847 es cuando empiezan a abrir la primera cuenca. Diez años más tarde, la ciudad tiene 2000 habitantes y se vuelve cabeza de línea Transatlántica hacia Antillas, Méjico y Cayena.


El primer astillero data de 1862 en el paraje de Penhoët, dirigido por el industrial escosés John Scott. La " Emperatriz Eugenia ", el primer barco construído en Penhoët, es uno de los últimos barcos de ruedas construídos en Saint-Nazaire. Apenas terminada la cuenca de Saint-Nazaire, empieza a abrir otra que será la cuenca de Penhoët. En 1866, para los astilleros Scott, es la bancarrota ; los del Loire y los de Penhoët se sobre ponen a ellos.

 

Entre las dos guerras, Saint-Nazaire construye los barcos franceses más prestigiosos de la época : " los transatlánticos ". Nacen el primer " France " y luego el " París ", " Ile de France ", el " La Fayette ", el " Champlain ", el " Georges Philippar " y el famoso " Normandie " que iba a volverse el barco más rápido en el Atlántico Norte. Desde 1936 hasta 1938, rivaliza con el " Queen Mary " para conservar el precioso " Ruban bleu "(Cinta azul). Saint-Nazaire adquiere una fama internacional por tener esta mano izquierda.


Veintiocho años después de la botadura de el " Normandie " la de " France ", tercero del nombre, dio lugar a una ceremonia grandiosa con la presencia del Presidente de la Repùblica y de la señora de Gaulle, madrina del barco " France ", el barco más largo del mundo, que iba a ser el último transatlántico francés.


A partir de los años 1970, los astilleros del Atlántico se orientaron hacia la construcción de petroleros y de metaneros. Con el fin de esa década, viene la recesión. Hacen falta nuevos mercados. La construcción de grandes barcos de crucero empieza al final de los años 80 con el " Sovereign of the seas " (1987). Así que, desde 1862, Saint-Nazaire ha construido una centena de barcos : transatlánticos para Nueva York o Río, " Mensajerías " de Ultramar hacia Extremo Oriente o clubes de vacaciones para los ocios, todos proceden de la misma aventura industrial, técnica y artística que ve aparecer, cada año, nuevas " ciudades flotantes ".